Carrera

La inseguridad silenciosa de los profesionales senior: cuando una carrera exitosa deja de ser garantía de estabilidad

Tener un excelente empleo no es lo mismo que tener seguridad profesional. Por qué conviene pensar en el después antes de necesitarlo.

Por Carla Guillén ·

Ejecutiva senior mira por la ventana de su oficina, pensando en su futuro profesional.

Durante años nos enseñaron que una carrera exitosa consistía en crecer dentro de una organización, alcanzar posiciones de liderazgo, obtener una buena remuneración y construir estabilidad. Y para muchos profesionales, ese camino funcionó.

Sin embargo, hoy existe una realidad que merece mayor atención: ejecutivos con trayectorias extraordinarias, décadas de experiencia y posiciones de alta responsabilidad que, pese a todo lo que han construido, sienten una profunda incertidumbre respecto de su futuro profesional.

En Chile, esta preocupación tiene fundamentos concretos. Según un estudio de Cadem para Caja Los Andes publicado en julio de 2026, el 52% de las personas mayores de 50 años encuestadas declara haber experimentado discriminación laboral por su edad durante los últimos tres años. A su vez, un informe del CIPEM de la Universidad del Desarrollo, con datos del INE, señala que las personas entre 50 y 59 años tardan, en promedio, 10,2 meses en encontrar empleo.

Estas cifras deberían hacernos reflexionar sobre cómo estamos gestionando la segunda mitad de nuestras carreras.

Desde mi experiencia en el mundo del headhunting y trabajando con profesionales senior, hay algo que me preocupa especialmente: la cantidad de personas altamente calificadas que han construido carreras exitosas, pero nunca se han detenido a pensar qué harían si mañana dejaran de ocupar el cargo que hoy tienen.

En esas conversaciones aparecen inquietudes que rara vez se expresan públicamente: “Llevo 25 años trabajando en empresas y no sé hacer otra cosa”, “Tengo un buen sueldo, pero sé lo difícil que sería encontrar algo similar” o “Me gustaría hacer algo independiente, pero no sé por dónde empezar”.

Son frases que reflejan una contradicción muy grande en profesionales que han liderado equipos, administrado presupuestos millonarios y tomado decisiones estratégicas para grandes organizaciones, pero que dudan de su capacidad para construir un futuro profesional fuera de ellas.

Durante décadas, muchos han puesto su experiencia al servicio del crecimiento de otros negocios. Han desarrollado conocimientos, relaciones y capacidades de enorme valor. Sin embargo, gran parte de ese capital profesional permanece vinculado al cargo, a la estructura y al respaldo de una marca corporativa.

Y cuando esa estructura desaparece, también puede tambalear la percepción de su propio valor.

Aquí es donde creo que necesitamos cambiar un paradigma: tener un excelente empleo no es lo mismo que tener seguridad profesional.

Un cargo puede desaparecer. Una empresa puede reorganizarse. Una industria puede transformarse. Nada de esto invalida una trayectoria, pero sí nos obliga a reconocer que depender de una única fuente de ingresos representa una vulnerabilidad que muchas veces preferimos no mirar.

Tampoco significa que todos deban renunciar y emprender. Esa sería una conclusión simplista y, en muchos casos, irresponsable.

La reinvención profesional puede tomar distintas formas: asumir nuevos desafíos, desarrollar habilidades, participar en directorios, ejercer como asesor, ofrecer servicios especializados o construir gradualmente una actividad independiente.

Lo verdaderamente importante es comenzar a identificar qué parte de nuestra experiencia tiene valor más allá del cargo que ocupamos. Qué problemas sabemos resolver, para quiénes ese conocimiento resulta relevante y de qué otras maneras podríamos ponerlo al servicio del mercado.

Porque después de los 50 todavía quedan muchos años de vida profesional por delante. Y quizás uno de los mayores errores sea esperar a perder un empleo para comenzar a preguntarnos qué otras posibilidades tenemos.

Creo que las organizaciones también tienen una responsabilidad en esta conversación. Necesitamos entornos laborales que valoren la experiencia, combatan los prejuicios asociados a la edad y permitan trayectorias menos rígidas.

Pero, al mismo tiempo, los profesionales debemos asumir un rol más activo en la gestión de nuestra propia carrera.

La experiencia acumulada durante 20 o 30 años no debería convertirse en una fuente de temor frente al cambio, sino en un activo que nos permita ampliar nuestras alternativas.

Tal vez llegó el momento de dejar de preguntarnos únicamente cómo seguir creciendo dentro de una empresa y comenzar a preguntarnos algo igualmente importante: ¿qué futuro profesional podríamos construir si nuestro cargo actual dejara de existir?

Porque una carrera exitosa no debería medirse solamente por lo lejos que llegamos dentro de una organización, sino también por la libertad que hemos construido para decidir qué hacer después.

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